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Tallados y esculturas en madera de árboles caídos. Lago Ranco, Región de Los Ríos, Chile.

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© 2026 Caracola. Hecho a mano en el sur de Chile.

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Una vida en el oficio

Autodidacta, formado en el camino. Tallo madera desde niño; hoy trabajo en el sur, rodeado de bosque.

Mi inicio en el tallado se remonta a cuando era muy pequeño. En una clase de técnicas manuales nos pidieron tallar una figura. Yo no tenía gubias, así que tomé unos clavos, los martillé y les saqué filo para usarlos como herramientas. Con ellos tallé un buey. Quedó tan bien evaluado que no me lo devolvieron: lo dejaron exhibido en una vitrina del colegio. Ese fue, de alguna manera, el comienzo de mi camino como artesano.

Cuando llegué a primero medio dejé el colegio para dedicarme al oficio. Empecé fabricando barcos artesanales en Valparaíso —se armaba la quilla y luego se doblaban chapas de madera para el casco—. Hacia los dieciséis tallaba moáis, manos y esculturas en Bellavista, cuando todavía no existían las ferias ni el barrio gastronómico.

A los diecisiete partí a recorrer Latinoamérica durante unos diez años, tallando, dibujando y pintando. Una experiencia marcó mi formación: San Antonio de Ibarra, en Ecuador, donde conocí de cerca la calidad de los artesanos de la tradición quiteña.

De vuelta en Chile hice réplicas para anticuarios y estuve en las ferias —La Chimba en Pío Nono, Apumanque, Santa Lucía, el pueblo de artesanos de Pirque—. Fui dirigente del pueblito de artesanos de Lo Espejo y presidente electo de la Mesa Metropolitana de Artesanía. Durante años me dediqué al tallado de urnas, en paralelo a esculturas y exposiciones en Pirque.

Más adelante nos trasladamos al sur, sobre todo por la viabilidad del trabajo escultórico en gran formato: aquí es mucho más fácil acceder a troncos y piezas grandes. Vivimos rodeados de bosque, con materia prima de árboles caídos por los temporales y el ciclo natural del entorno.

No existe necesidad alguna de talar: es la misma naturaleza la que nos entrega el material con el que trabajamos.

En la zona hemos desarrollado varias obras. Destaca el Traro (unos 2,5 m) emplazado en la costanera de Lago Ranco, símbolo de la comunidad huilliche local —que se autodenomina Traruche—; su diseño surgió de conversaciones con las propias comunidades. También el Wampo (3,6 m), frente a Carabineros, en la plaza de la costanera.

Hoy desarrollo nuevos diseños de gran formato para representar a los Ngen de la cosmovisión mapuche —el Ngen Ko del agua, el Ngen del bosque— y a seres simbólicos como el Camahueto. La idea es que estas esculturas se vuelvan elementos identitarios y fortalezcan el arraigo de la comunidad con su patrimonio. Mi propósito es seguir aportando, a través de la escultura en madera, al rescate y la difusión de la identidad cultural del territorio.

El taller y el bosque del sur

Obra pública emplazada

  • Traro · ~2,5 m · Costanera de Lago Ranco
  • Wampo · 3,6 m · Plaza de la costanera, Lago Ranco
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